27/12/12

Parálisis.


Javier F. Higarza. Formador y consultor Talent Select 
«La locura es seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes». Albert Einstein
En un momento en que existe una parálisis casi total en las empresas, cuando parece que los grandes motores empresariales van al ralentí y el miedo atenaza a los mercados, sin duda nos encontramos ante un problema pero no debemos olvidar una gran ley del mercado para las empresas que quieren triunfar y convertirse en líderes: «acompañando a un problema siempre viene de la mano una gran oportunidad».
Es el momento de tomar las grandes decisiones, de marcarse metas, de aprovechar para racionalizar y profesionalizar los equipos, de ver por dónde se pierde dinero o se deja de ganar, de analizar nuevos mercados potenciales que nos permitan expandir nuestro negocio, de escuchar a nuestras plantillas y quitarles miedos que están mermando su capacidad productiva para hacer crecer nuestra empresa.

Hay que despertar de esta parálisis y hacer cosas nuevas siguiendo la frase de Einstein que elegí como título.
Todo en esta vida tiene un ying y un yang, incluso la famosa palabra que está provocando la parálisis, «crisis», tiene dos acepciones en chino (cultura milenaria que en el futuro será el motor del mundo y que ha pasado por una crisis de siglos) peligro y oportunidad.
¿Qué elegimos para nuestra empresa? ¿Seguir paralizados por el temor o buscar oportunidades para potenciar su estructura y desarrollo?
Ahí comienza nuestra oportunidad, tomando esta decisión ya estaremos dando un paso muy importante que debe ser el detonante para vencer el miedo y la parálisis total, para ponernos en marcha.
Y como segundo paso, debemos hacernos más preguntas: ¿apuesto realmente por el futuro de mi empresa? ¿Qué meta quiero para mi negocio? ¿Qué estoy dispuesto a hacer distinto para cambiar la situación actual? ¿A quién estoy dispuesto a recurrir para superar la situación de temor y parálisis que domina mi empresa? ¿Estoy dispuesto a escuchar a profesionales que me asesoren en una nueva forma de hacer las cosas? ¿Estoy dispuesto a buscar profesionales que me ayuden a encontrar nuevos mercados para potenciar mi actividad? ¿Estoy dispuesto a asociarme y colaborar (networking) con otras empresas que complementen mi actividad y que nos permitan acudir juntos, racionalizando los gastos de entrada, a otros mercados? ¿Estoy dispuesto a buscar ayuda en profesionales para convertir a mis empleados en verdaderos colaboradores (trabajadores que se sienten valorados, respetados y por tanto son capaces de comprometerse con la empresa y no van sólo a ganar un sueldo)? ¿Estoy dispuesto a desarrollar a mi equipo comercial para algo más que ir a presentar mis productos/servicios? (desarrollar en ellos una verdadera técnica comercial que suponga, además de una venta, la capacidad para detectar necesidades a través de la escucha activa de mis clientes y de este modo tener mayor potencial comercial)
Son muchas las cosas que ahora mismo podemos hacer para potenciar y desarrollar nuestra empresa si salimos de ese miedo paralizante. Además, muchas de esas posibilidades ni siquiera nos tienen que suponer un gasto ya que podrían financiarse a través de la formación tripartita.
Si nos paramos a pensar un poco, nos daríamos cuenta que una parte importante de la crisis y de la acepción de peligro de este término es consecuencia de nosotros mismos y nuestro miedo.
Amigo empresario, en el mar de la vida a veces son necesarias las «tempestades» para sacar lo mejor de nosotros mismos, para despertarnos y recuperar nuestra capacidad de capitanear realmente ese barco que es nuestra empresa, para hacernos recuperar el empuje que los años nos han ido apagando con la acomodación y la «buena mar», para devolvernos las ganas de seguir luchando (viviendo) para superar esa tempestad perfecta en la que creemos estamos inmersos. Y a veces de estas «tormentas perfectas» renace el hombre del que siempre nos sentimos orgullosos de ser, renace el ¡¡¡líder!!! que un día osó dirigir su vida, montar una empresa que le permitiese ser dueño de su destino.  Incluso estrellarse contra una roca alguna vez en el mar de la vida tampoco es malo del todo, es la mejor forma de quitarnos nuestra armadura de ego y soberbia. A veces, necesitamos un golpe de mar para tomar conciencia con humildad de lo que debemos mejorar.
Y como consecuencia, la empresa sale fortalecida, transformada, no sólo para superar la tempestad sino para acometer la buena mar posterior con la seguridad y el convencimiento de que las crisis no son tormentas perfectas sino oportunidades para desarrollar las compañías que tienen un verdadero líder y que son capaces de crear equipos de colaboradores comprometidos en «lo bueno y en lo malo».
Deja tu miedo, abandona el temor al peligro y embárcate en el mar de las oportunidades, que la vida no es otra cosa que el desarrollo de un carácter ganador a base de superar muchas tempestades. Te deseo suerte y que decidas ganar la regata de tu vida.
«Tanto si crees que puedes hacerlo, como si no, en los dos casos tienes razón». Henry Ford

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